Acerca de la ILV

¿Que cree la Iglesia Luterana?

Creemos, se enseña y se sostiene unánimemente que hay una sola esencia divina que se llama Dios, Uno, Trino, Eterno, sin división, sin fin, de inmenso poder, sabiduria y bondad, un Creador y Conservador de todas las cosas visibles e invisibles: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espiritu Santo.

Creemos que Jesucristo, nuestro Dios y Señor “murió por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificación.” Sólo El es “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” y “Dios ha puesto sobre El todos nuestros pecados”. De la misma manera, “todos los hombres son pecadores y son justificados, sin ningún mérito propio, sino únicamente por Su gracia; por la redención de Jesucristo en Su sangre”.

Ya que ésto es menester creerlo, sin que sea posible alcanzarlo o comprenderlo por medio de obras, leyes o méritos, es claro y seguro que sólo tal fe no justifica, como dice San Pablo en Romanos 3: “Nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obra de la ley”. Iguamente: “Para que sólo El sea justo y justifica a quienes tengan fe en Jesús”.

Apartarse de este artículo de fe o hacer concesiones no es posible, aunque se hundan el cielo y la tierra, y todo cuanto es perecedero. Pues, “ningún otro hombre hay mediante el cual podemos ser salvos”, y “por sus heridas hemos sido curados”.

Sobre este articulo de fe reposa todo lo que enseñamos y vivimos, en oposición a la carne, al diablo y al mundo. Por eso, debemos estar muy seguros de él y no dudar; de lo contrario, todo está perdido y lar carne y el diablo y todos nuestros adversarios obtendrán contra nosotros la victoria y la razón.

En cuanto al uso do los sacramentos, se enseña que éstos fueron instituidos, no sólo como distintivos para conocer exteriormente a los cristianos, sino que son señales y testimonios de la voluntad divina hacia nosotros, para despertar y fortalecer la fe. Por esta razón, los sacramentos exigen fe; se emplean debidamente cuando se reciben con fe y se fortalece de ese modo la fe.

Se enseña también que habrá de existir y permanecer para siempre una Santa Iglesia Cristiana, que es la asamblea de todos los creyentes, entre los cuales se predica genuinamente el Evangelio y se administran los Santos Sacramentos de acuerdo con el Evangelio. Para la verdadera unidad de la Iglesia Cristiana es suficiente que se predique unánimemente el Evangelio conforme a una concepción genuina de él y que los sacramentos se administren de acuerdo a la Palabra Divina.

Esto es ciertamente la verdad.

(Partes de la Confesión de Augsburgo – 1530, Articulos 1,3, 4, 7 y 13, y partes de los Articulos de Esmalcalda – 1537, Parte II, No. 1.)

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